



Un bistró joven que trabaja desde el cruce entre Francia y España, con una cocina de base francesa abierta al producto nacional y a gestos más personales. La carta juega con clásicos reconocibles —ratatouille, steak tartar, lenguado a la meunière, gratin dauphinois o éclair—, pero los desplaza con detalles propios, como el uso de vino fino, alcachofa en lugar de aceituna en una tapenade o foie gras en una pieza de pastelería salada.
La propuesta líquida tiene un peso importante, con una bodega amplia y dinámica que viaja entre referencias francesas, españolas y de otros orígenes, además de sakes y cócteles de autor. El resultado es una mesa contemporánea, precisa y con cierta libertad, donde la tradición francesa no aparece como algo rígido, sino como un lenguaje que se revisa con producto, técnica y una mirada joven.
El establecimiento desarrolla su actividad bajo una línea de trabajo vinculada a la sostenibilidad, integrando criterios como Materias Primas, Infraestructura, Procesos y Personal y Sociedad. Este enfoque refleja una forma de entender la hostelería desde el uso responsable de los recursos, la reducción del impacto ambiental y una relación más consciente con el entorno, manteniendo al mismo tiempo su papel dentro de la vida gastronómica y social del barrio.
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