La historia comienza en 1962, cuando un joven sanabrés llamado Ángel González Sastre tomó las riendas de un pequeño local frente al Palacio Real. Había llegado a Madrid con apenas 12 años, siguiendo los pasos de su hermano Miguel, y encontró en la hostelería su forma de vida. Tras años de esfuerzo y aprendizaje, levantó su propio negocio con la ayuda de sus hermanas y más tarde junto a Crescencia Díaz-Tendero, a quien conoció comprando champiñones en el Mercado de Maravillas. Aquella unión marcó el comienzo de una etapa dorada: el jamón cortado en lonchas, los platos castellanos y el trato cercano convirtieron el lugar en punto de encuentro de artistas, toreros y vecinos. Con el paso del tiempo sus hijos crecieron entre mesas y fogones, heredando una forma de entender la hostelería basada en el trabajo constante y la calidez humana que convierten a este local en un pedazo vivo de la historia madrileña.
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