En este mesón abierto a comienzos de los setenta, el tiempo parece detenerse entre el aroma del horno de leña y el murmullo de los comensales habituales. Aquí la cocina se hace sin prisas y con el mismo cariño de siempre, con platos que han pasado de generación en generación. El lechazo asado es su emblema, pero también destacan el bacalao a la leonesa, las obleas de morcilla con Pedro Ximénez o la dorada al horno sobre panadera. Cada semana preparan un menú casero con platos de temporada y postres hechos en casa. Las noches del primer viernes de mes se llenan de música y ambiente festivo, recordando que comer bien también es una forma de celebrar la vida.
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