Este sótano de ladrillo visto funciona como un refugio donde la coctelería se entiende desde la técnica, el sabor y una hospitalidad que se nota desde el primer minuto. La barra, situada al fondo del espacio, marca el pulso de una carta estacional que combina reinterpretaciones de clásicos con mezclas más atrevidas, siempre pensadas para resultar claras y agradables en boca. Hay guiños ahumados, influencias mediterráneas y propuestas que incorporan técnicas de cocina sin perder sencillez ni equilibrio. El ambiente, compacto y cálido, favorece la conversación y crea esa sensación de estar en un salón compartido, mientras la música seleccionada por distintos DJs aporta una energía suave que acompaña sin imponerse.
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