Desde hace más de 75 años, esta marisquería con alma de taberna es uno de los grandes referentes castizos de Madrid. Fundada por Dionisio Amorós, que quiso rendir homenaje a su esposa cántabra bautizando el local con su nombre, se ha convertido en un lugar donde el mar y la ciudad se encuentran a través del sabor. En su barra de acero, rodeada de azulejos azules, fotografías antiguas y detalles marineros, se sirven gambas, nécoras, almejas, percebes o centollos cocidos a diario, con el punto justo de sal y cocción. También destacan las conservas de mejillones, berberechos o huevas con almendras, que acompañan a la perfección una caña bien tirada o un vermut de grifo. Hoy, bajo la dirección de Fernando Amorós, tercera generación de la familia, el Cantábrico mantiene la fórmula que lo hizo famoso: producto fresco, tradición y autenticidad. En su barra bulliciosa o en el pequeño comedor interior, cada bocado evoca la esencia del mar y la memoria viva de un Madrid que sabe disfrutar sin artificios.
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