Este bar mantiene una esencia marcada por la coctelería clásica estadounidense y una estética que recuerda a los locales intactos de Los Ángeles desde los años cuarenta. El interior combina madera oscura, terciopelos, neones suaves y una iluminación que acentúa su aire cinematográfico. La figura del conejo que le da identidad preside un espacio donde la música desde Paul Anka hasta el rock más visceral actúa como hilo conductor. La barra ocupa el centro de la experiencia, con un servicio que, apuesta por combinados intensos y recetas de corte tradicional, junto a propuestas propias que reflejan un gusto por los sabores definidos. La oferta se completa con platos de inspiración americana, creando un entorno acogedor y muy personal, donde el tiempo parece avanzar al ritmo pausado de cada trago.
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