Mantiene vivo el legado de una barra clásica donde la técnica y el servicio definen cada detalle. Nacida en los años noventa bajo la visión de un maestro formado en la escuela más emblemática de la ciudad, consolidó un estilo propio en un espacio de inspiración neoyorquina reconocido por su diseño interior. Su propuesta líquida reúne una de las cartas más amplias del entorno, con clásicos cuidadosamente ejecutados, mezclas internacionales y creaciones desarrolladas a lo largo de décadas de oficio. El trabajo en sala, preciso y elegante, convierte cada preparación en un pequeño ritual frente al cliente. Opciones sólidas como croquetas, tortilla o tostas acompañan una experiencia que sigue destacando por su profesionalidad, su ambiente sereno y una fidelidad absoluta a la tradición de barra madrileña.
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