Este restaurante nace con la intención de conservar el espíritu del bar tradicional como espacio de encuentro. Inspirado por la trayectoria de La Castela, mantiene la esencia de lo cotidiano: la calle, la mesa compartida, el valor de las costumbres y el disfrute alrededor de una buena comida. El proyecto crece con una nueva generación que, sin romper con el legado familiar, introduce una visión contemporánea a partir de los mismos principios.
La cocina se basa en el producto como eje central. Cada plato parte de una materia prima cuidada, buscando preparaciones que respeten el sabor original sin sobrecargarlo. La carta revisa el recetario tradicional con toques personales, aportando variedad sin alejarse de la sencillez. Se apuesta por una propuesta que resulta reconocible, saludable y bien estructurada, tanto en platos principales como en opciones para compartir.
El ambiente refuerza el concepto de continuidad: una barra viva, mesas pensadas para el encuentro, y un trato directo que recuerda al servicio clásico de los bares de siempre. El objetivo es convertirse en un espacio duradero, donde el tiempo y las experiencias consoliden una identidad propia, construida desde la cocina y el vínculo con el cliente.
La propuesta de este restaurante no busca impacto inmediato, sino mantenerse como una referencia constante donde tradición y evolución conviven con naturalidad.