
Desde 1974 este mesón madrileño se ha convertido en leyenda gracias a la figura de Lucio Blázquez, quien comenzó en la hostelería siendo apenas un niño y acabó levantando uno de los restaurantes más célebres de España. Su historia es la de un trabajador incansable que, con simpatía y oficio, transformó una antigua taberna en un templo del buen comer. La calidad del producto y el trato cercano siguen siendo el alma de la casa, donde generaciones de clientes han compartido mesa entre risas, vino y el inconfundible aroma de los huevos estrellados. Hoy sus hijos continúan el legado familiar manteniendo la calidez y autenticidad que siempre definieron a este rincón del viejo Madrid, símbolo eterno de su cocina castiza.
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