
Fundadas en 1935, estas bodegas se han convertido en un emblema del tapeo madrileño y en un punto de encuentro para varias generaciones del barrio de Pacífico. Nacieron como una sencilla casa de vinos donde el vino se servía a granel desde grandes tinajas de barro que aún decoran el local, testigos silenciosos de su historia. 3 generaciones después, el espíritu tabernero sigue vivo: el vermut de grifo continúa siendo su seña de identidad, acompañado de una cuidada selección de más de 50 vinos y cervezas. En su carta destacan las conservas de calidad, como los mejillones Ramón Franco, los berberechos de La Piedad o los boquerones sobre patata frita, que hacen de este espacio un verdadero templo del “lateo” castizo. Entre su decoración se conserva la antigua reja que antaño separaba a hombres y mujeres durante la compra de vino, un vestigio de otras costumbres que hoy solo sobrevive como símbolo de una historia que sigue viva en cada caña y en cada tapa.
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