Desde 1975 este bar conserva el espíritu de los lugares donde la vida del barrio se comparte entre cañas, fútbol y risas. Su alma es Monchi, camarero de siempre, que con simpatía y cercanía convierte cada visita en una reunión entre amigos. Aquí las alitas, las bravas y las hamburguesas caseras se sirven sin prisas y con el sabor de la cocina de antes. Los botellines bien fríos acompañan la conversación, mientras la barra se llena de vecinos que buscan ese ambiente cálido y sincero que solo tienen los bares de toda la vida. Un rincón donde cada brindis sabe a rutina, amistad y nostalgia madrileña.
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