Desde 1960, este bar de barrio se ha convertido en un punto de encuentro donde compartir tapas, risas y conversaciones que se alargan entre cañas y buena compañía. Con un ambiente cercano y familiar, sigue siendo el lugar elegido por los vecinos para reunirse, especialmente en los días de partido, cuando la barra se llena de voces y brindis. Su esencia se mantiene intacta, con ese aire castizo que convierte cada visita en una pequeña celebración de lo cotidiano, de esas costumbres que hacen de Madrid una ciudad con alma.
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