En una zona residencial tranquila de Madrid, este obrador artesanal se dedica a la panadería tradicional con masa madre como base y un enfoque claro en la calidad del producto. Su propuesta se centra en panes de corteza crujiente y bollería con sabores definidos, sin añadidos innecesarios ni mezclas que desvíen del sabor original. Cada pieza refleja oficio, dedicación y un compromiso constante con el trabajo bien hecho.
Los ingredientes tienen un papel destacado, con una selección cuidada que incluye productos locales como quesos curados y semillas, además de recetas que conectan con tradiciones gastronómicas tanto españolas como húngaras. Entre sus elaboraciones destacan croissants de pistacho, focaccias de patata y bizcochos como el carrot cake, donde prima el equilibrio entre textura y sabor.
El local es reducido, con algunas mesas pensadas para una pausa breve o para quienes prefieren llevar su compra. El ambiente es sobrio, funcional, y el trato del personal suele ser cercano, lo que refuerza la coherencia entre el producto y la experiencia. Aunque en horas punta se forman colas, no se trata de una moda pasajera, sino del resultado de una trayectoria marcada por la constancia y el respeto al oficio panadero.