En el corazón de Chueca se encuentra una de las casas de comidas más auténticas de Madrid, abierta desde comienzos de los años setenta por Miguel González y su esposa Clementina, llegados desde Sanabria. Entre cazuelas y fogones, Miguel ha dedicado más de 6 décadas a una cocina honesta y reconfortante, y hoy, con 84 años, es reconocido como el hostelero en activo más longevo de la capital. Su historia es la de una vida entera al servicio del buen comer. En su carta, los riñones al jerez, el hígado encebollado o las judías sanabresas conservan la memoria de un tiempo en que la cocina era puro oficio. Miguel sigue entrando cada día en la cocina con la misma energía de siempre, fiel a una tradición que alimenta cuerpo y alma.
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