

Abierta en los años sesenta, Casa Pepe ha resistido el paso del tiempo sin perder su espíritu castizo. Fundada por una familia madrileña, y a día de hoy dirigida por el hijo del creador, este bar sigue siendo un refugio para quienes buscan la esencia del tapeo auténtico. Sus cervezas, servidas en las inconfundibles jarras de cerámica con el nombre del local, llegan siempre acompañadas de una generosa ración de alitas de pollo, su sello más recordado. El local conserva su aire de antaño, con barra de aluminio, azulejos, fotografías antiguas y una colección de peluches que observa desde lo alto de las estanterías. En su carta conviven los sabores de siempre: torreznos de Soria, oreja a la plancha, patatas con 2 salsas o platos de cuchara que cambian según el día. Casa Pepe es de esos lugares donde la tradición no se anuncia, se vive entre risas, ruido de cañas y el inconfundible olor a cocina madrileña.
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