La barra apuesta por una coctelería de inspiración japonesa que destaca por su finura, la precisión en cada gesto y una selección de destilados que viaja directamente desde Asia. El espacio, diminuto y cálido, recuerda a esas coctelerías de Tokio donde el contacto con el bartender forma parte de la experiencia. Aquí los matices importan: whiskies extraordinarios, aromas delicados, técnicas medidas al milímetro y un servicio que mantiene la calma incluso en un local de dimensiones mínimas. La atmósfera invita a bajar revoluciones tras el día, disfrutar de tragos limpios y observar un modo de trabajar casi ceremonial, quienes pasan por esta barra repiten, seducidos por la mezcla de intimidad, profesionalidad y una decoración que pide ser contemplada con calma.
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