En un antiguo kiosco de estilo neoherreriano restaurado con mimo, se levanta hoy una terraza que funciona como restaurante y coctelería, coronada por una elegante pérgola parisina que la convierte en un espacio vivo en cualquier estación. Rodeado de pinos, abetos y magnolios, con el Parque del Oeste como telón de fondo y vistas privilegiadas hacia la Casa de Campo, este lugar ofrece calma y sofisticación lejos del ruido urbano. Su propuesta gastronómica apuesta por el picoteo fino y platos para compartir junto a clásicos reinterpretados y coctelería de autor lo que completa una experiencia que lleva al disfrute en cualquier momento del día.
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