Un espacio con más de siglo y medio de historia se mantiene vivo como testigo de la tradición madrileña, ofreciendo una propuesta que combina coctelería clásica con cocina reinterpretada. Tras su fachada de azulejos y su barra original de 1920, se descubre un ambiente que conserva la esencia de antaño mientras introduce creaciones modernas y atrevidas. La planta superior evoca los bares de los años veinte y treinta con una carta cambiante, mientras que la terraza aporta un aire cercano y acogedor. La oferta se centra en recuperar recetas olvidadas y formatos tradicionales como las medias combinaciones, acompañadas de platos neocastizos que reflejan la diversidad cultural de la ciudad. Cada visita se convierte en un viaje por la historia y la innovación, en un lugar abierto desde 1856 que nunca deja de sorprender.
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