La figura de Joséphine Baker inspira una coctelería que apuesta por la noche como territorio de libertad, con una barra que articula una carta centrada en reinterpretar clásicos y en crear tragos cargados de intención. La atmósfera combina jazz suave, luz controlada y un ritmo de servicio que busca establecer un diálogo constante entre barman y cliente. En la planta superior, el espacio gira en torno a la barra central, mientras que el nivel inferior reduce la iluminación para acentuar la experiencia emocional y llevarla hacia un terreno más instintivo. Entre copa y copa se ofrecen bocados que acompañan sin competir, pensados para mantener el foco en una propuesta líquida que trabaja matices, técnica y narrativa para prolongar la noche con personalidad propia.
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