En este bar de Conde Duque, la coctelería convive con música y arte en un entorno de estética industrial marcado por tonos intensos y una barra que comparte protagonismo con los vinilos. El equipo desarrolla una carta accesible en ingredientes, pero técnica en ejecución, con combinados ligeros, carbonatados y redestilados que mantienen un mismo hilo de sabor amable. La atmósfera evoluciona a lo largo de la noche, acompañada por sesiones de DJs y exposiciones de artistas emergentes que renuevan el espacio con frecuencia. La propuesta rehúye la rigidez de los formatos clásicos y apuesta por un lugar donde el público circula con naturalidad, entre cócteles de baja graduación, pequeños bocados y un ambiente creativo que se mantiene en constante movimiento.
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