La historia de este establecimiento se remonta a una larga tradición familiar ligada a la venta de casquería en Madrid, un oficio que hunde sus raíces en el siglo XIX cuando las “gallinejeras” abastecían de frituras a los vecinos del antiguo Matadero. En 1956 la familia obtuvo la licencia de taberna y, poco después, la de freiduría, dando forma al local que hoy continúa su legado. Aquellos primeros años fueron marcados por un ambiente popular, en el que las raciones se servían en papel de periódico y los clientes acudían con sus propios recipientes. Con el tiempo, el negocio superó épocas difíciles y logró mantenerse fiel a su origen, preservando el arte de la fritura y la cercanía en el trato. Hoy, su historia continúa como un testimonio vivo de la cocina humilde que marcó a toda una generación.
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