Este espacio recoge la energía entre Lima y Brooklyn para crear una barra donde la coctelería acompaña una cocina de raíces peruanas reinterpretada con espíritu urbano. La planta baja concentra la propuesta líquida, dirigida por una bar manager formada en la escena neoyorquina, que trabaja versiones personales de clásicos como el pisco sour junto a una selección de destilados que invita a probar distintas etiquetas. La carta se organiza en tres líneas reinterpretaciones de clásicos, creaciones estacionales y opciones sin alcohol pensadas con la misma atención. Todo se acompaña de bocados latinos que refuerzan la experiencia, desde anticuchos y crudités con ajíes suaves hasta ostras con vinagretas cítricas, un lugar donde la mezcla de culturas se articula con naturalidad alrededor de la barra.
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